El cine de «terror» mexicano

Escrito por: Margarita Isabel Morales Bonilla

El cine de terror en México sabe contar historias con ayuda de la literatura universal, mitos y leyendas mexicanas, sin embargo, la mezcla de diferentes géneros es causa de que este no se tome en serio como debería ser.

A pesar de ello existen grandes cintas que son imposibles no destacarlas por su seriedad y compromiso con el terror. Comienza desde que aparece por primera vez en 1933 con La Llorona, dirigida por el cubano Ramón Peón en donde, claro está, se utilizan elementos diferentes a los de ahora, y el propósito de la película se apega más a contar una leyenda típica mexicana que atemorizar al espectador.

Esta idea fue transformándose, ya que a finales de los años 50 ya no solo serían fantasmas, demonios, ni científicos locos quienes protagonizarían las películas, tales como las del director Chano Ureta con La Bruja (1954) o El jinete sin cabeza (1957). Ahora los monstruos, vampiros, zombies y extraterrestres serían la nueva atracción común para entretener con El vampiro sangriento (1962) y Doctor Satán (1966) ambas dirigidas por Miguel Morayta Martínez, y La maldición de la llorona (1963, Dir, Rafael Baledon).

Más tarde se da un toque de drama, acción y comedia al incluir elementos como los luchadores contra fuerzas malignas y dejando atrás el propósito de provocar miedo para hacer algo más heroico y amistoso, La sombra del murciélago (1966) y Enigma de muerte (1969) de Federico Curiel, las películas de Santos, Blue Demon, Capulina, Manuel “El loco Valdés”, Pepito y Chabelo no se quedan fuera, pues son un gran ejemplo de que el cine de terror mexicano optó por unas buenas risas en lugar de espantar.

Cualquier persona puede ser testigo de esta evolución al ver una película de los años 40 o 50 y luego ver una actual, debido a que el uso de cámaras, efectos de sonido e imagen, la musicalización y atmósfera se han ido sustituyendo por elementos más atractivos y de mucha ayuda para los cineastas que realmente quieren cumplir con el objetivo del cine de terror.

Sería erróneo decir que el cine de terror en México no ha tenido un auge en todos estos años, pero la prueba correcta está con la tetralogía del director Carlos Enrique Taboada, quien supo educar a su público con hechos fantásticos y técnicas bien ejecutadas sin el uso excesivo de efectos especiales, de igual manera, al establecer un estilo propio pero arriesgado ganó respeto y admiración por directores que terminaron inspirándose en él.

La influencia de Taboada con Hasta el viento tiene miedo (1968), El libro de piedra (1968), Más negro que la noche (1975) y Veneno para las hadas (1984) ha sido tan fuerte que sus películas siguen teniendo una gran aceptación en México y el extranjero, por eso es necesario mencionarlo, al ser uno de los máximos exponentes del cine de terror en el país.

Sin olvidar a Fernando Méndez (El vampiro, 1957), Servando González (El escapulario, 1966), Juan López Moctezuma (Alucarda, la hija de las tinieblas, 1978), Arturo Ripstein (La tía Alejandra, 1979), Guillermo del Toro (Cronos, 1992) son un gran ejemplo que no pasan desapercibidos.

El cine de terror mexicano sigue modificándose y a pesar de que no siempre nos ha sacado un susto, la imaginación siempre ha sido parte de este género que difícilmente volverá a tener un toque renovador y atractivo para el público, pero tampoco olvidemos que cada vez hay personas interesadas con nuevas propuestas que podrían llegar a sorprender.




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