SI ALGO ME PASA, LOS QUIERO

Adriana Collado Escobar 

 

Uno de los problemas más conocidos de Estados Unidos es el control de armas y, derivado del mismo, los tiroteos en espacios públicos perpetuados por civiles con fácil acceso a armas de fuego. Will McCormack lo sabe y por ello escribió y dirigió el corto animado Si algo me pasa, los quiero de la mano de Michael Govier.

En esta cinta de escasos 12 minutos, los protagonistas son la pérdida y el luto tras la muerte antinatural de un ser querido. El público se vuelve testigo de los esfuerzos de un matrimonio por digerir la noticia de que su hija de diez años ha sido asesinada en un tiroteo dentro de su escuela.

Sin diálogo verbal, con sonido ambiente y la canción “1950” de King Princess de fondo, observamos lo que la madre y el padre hacen mientras tratan de entender lo inevitable. En un ambiente sin color, que se siente vacío, captamos algunos detalles coloridos que recuerdan la vida que ya no está, como una playera que sale de la lavadora lista para usarse pero que ya no tiene quién la porte o un gato que no entiende por qué su compañera de juego no regresa.

Estrenado de manera privada a inicios de 2020, rápidamente se convirtió en el favorito de numerosos festivales de cine de Estados Unidos, lo que le valió para acordar su proyección en Netflix y llegar así a mucha más gente.

Además, como se mencionó en su rueda de prensa, este corto es el esfuerzo de un equipo conformado en su mayoría de mujeres, dentro de las cuales identificamos a la también actriz Laura Dern y a Jayme Lemons como productoras y a la recién graduada Youngran Nho como la directora de animación, lo que ofrece una brisa de aire fresco dentro de una industria hasta hace algunos años totalmente masculina.

Esta cinta es un esfuerzo conjunto que busca crear conciencia social sobre un problema que suma más muertes cada año en Estados Unidos –y que si ha disminuido este año es sólo por el cierre de escuelas por la pandemia—pero que además obliga a quien sobrevive a tener miedo y a lidiar con constantes simulacros de tiroteo para disminuir sus probabilidades de morir.

Además, da un mensaje esperanzador para quienes han sido víctimas directas o indirectas de los tiroteos escolares: el sol sale todos los días. Y aunque la pérdida de un ser querido jamás se cura por completo, lo único que queda es aprender a vivir con ello dejando atrás la sombra de la culpa y el remordimiento.

comunicacion@cchfilmfest.com

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